El encanto de La Canyada

Francisco Camps Muñoz

En La Canyada, es un placer el pasear… por sus calles, que lucen engalanadas, en las cercas, de aromas y de miradas coloridas… que nos invitan a relajar. En las vallas, los jazmines que se rebosan; diminutas florecillas, blancas y olorosas… que compiten con la aroma de bellas rosas, besadas por el rocío, lucen hermosas. Y los pinos… con su altura y elegancia, oxigenan sus agujas, y en las calles… nos regalan la frescura de los valles… y nos muestran su añeja exuberancia. Y se mezclan, casi desnudas las acacias, derribando desde lo alto los pertrechos, en sus copas, con sus flores algo lacias… y sus colores verdosos como helechos. De los mirlos, madrugadas musicales, y las tórtolas que se llaman con arullos, las ardillas, que chasquean matinales… primaverales rosas, abren sus capullos. La Canyada es… romántica y muy bella, se luce hermosa, con rimas del poeta… se viste de fantástica, con la naturaleza, pero otra realidad, nos hace la puñeta. Se nos rompen las mágicas alusiones, desapareciendo todo su bello encanto… cuando siembran en su natural manto… los perros, sus fétidos cagallones. El amigo del hombre, de eso estoy seguro, que cagar en la acera, a él, se le entorpece, y yendo con su dueño, le da hasta apuro… pues el animal racional, le desmerece. El romanticismo huye, pues es de veras… que hay cuidar los pasos, por los desmoches, por las raíces y los rotos de las aceras… el ayuntamiento en eso, no hace derroches. Es verdad que hay limpiezas con sopladoras, que rompen los placeres de los silencios… pues limpian las calles siempre a deshoras… poniéndonos los nervios, un poco tensos. En el barrio, escurridizos algunos duendes, y sigilosas actúan las brujas del desperdicio. No serás buen ciudadano si no comprendes… que de recogidas, tenemos un buen servicio. Quizás nos visiten, las hadas del urbanismo y nos toquen con la varita de la cordura… pues la belleza empieza por uno mismo… si al civismo abrazamos como cultura. Y es que La Canyada, es un mundo aparte. Entrando por la rotonda, van saludando… las ramas de los pinos, con mucho arte, y con sus sonrisas naturales, oxigenando. En nuestro barrio tenemos algunos ritos, pues nos silban las noches, seres extraños… nos ocurre en primavera y en los veranos… que damos palmas al aire, por los mosquitos. Aún con todas y con esas, esto es la gloria, estas rimas despierten nuestro consciente, las guardemos por siempre en la memoria… y disfrutemos de este paraíso, tan diferente. Dedicado a La Canyada….

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